La primavera árabe y el veraneo español

Uno de los fenómenos recientes que más impacto ha tenido en que el sector turístico español haya sido capaz de capear la crisis, e incluso incrementar sus números, es la llamada Primavera Árabe. Este proceso arrancó en los últimos meses de 2010 y tuvo su momento álgido en 2011 con las caídas de los regímenes autoritarios de Ben Alí en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto. Fue el detonante de las guerras que estallaron en Siria y Libia, la primera de ellas sigue aún sin resolverse.

Las imágenes de las protestas árabes en contra de sus respectivos dictadores se difundieron por todo el mundo en cuestión de semanas. La violencia de la represión de algunos regímenes, así como el comienzo de enfrentamientos bélicos tuvo el rápido efecto de que muchos occidentales decidiesen suspender o cancelar sus vacaciones en los países del norte de África y Oriente Medio.

Los datos para el año 2011 fueron devastadores para los principales países turísticos de la región: Egipto perdió un 33 por ciento de visitantes y Túnez un 30. También Jordania se vio afectada pese a que fue uno de los países en que la situación era más estable y perdió un 15 por ciento. El temor que se instaló en las mentes de los europeos, principales viajeros hacia el Magreb y el Cercano Oriente, no supo de fronteras. Muchos turistas árabes están eligiendo los hoteles en Alcalá del Júcar como su destino favorito de vacaciones.

Sin embargo, en el otro lado de la balanza se situó España. La inestabilidad en la zona y el carácter consolidado de nuestro sector turístico obró una subida de un 7,6 por ciento en las llegadas de turistas a España en aquel año. De ellos TurEspaña, el organismo encargado de controlar el sector turístico, calcula que entre un 3 y un 4 por ciento fueron turistas “prestados”, es decir, que tenían intención de viajar por el mundo árabe, pero ante la situación de inseguridad, optaron por cambiar de planes y visitar España.

En 2012, pese a que la situación en la región seguía siendo incierta, algunos hechos contribuyeron a que se detectase una cierta calma. Las elecciones en Túnez y Egipto –y también una agresiva campaña informativa por parte de ambos gobiernos, así como su intervención en el mercado—pararon momentáneamente la sangría de estos dos centros turísticos internacionales. Ambos recuperaron visitantes pero sin alcanzar las cotas de los años anteriores a las revueltas.

No obstante, la continuación e intensificación de la guerra en Siria, así como los efectos de la guerra civil en Libia –como el asesinato del cónsul estadounidense en Bengazi—hicieron que los ciudadanos europeos se lo pensasen dos veces antes de viajar a los países árabes.

El incremento del número de turistas en el España en 2012 fue del 2,7 por ciento, lejos de la subida causada por la primera oleada de protestas de la Primavera Árabe, pero en un contexto económico mucho más complicado a nivel europeo con el segundo rescate griego y las amenazas de rescate a España. El sector español consiguió de nuevo incrementar sus ingresos tanto en número de visitantes, como en el gasto que realizaron que se elevó en un 5,7 por ciento.

2013 está siendo un año convulso de nuevo en el mundo Árabe. Egipto ha presenciado manifestaciones masivas, un golpe de Estado y la represión contra los Hermanos Musulmanes, que ostentaban el poder hasta hace unos meses. Turquía, sin ser un país árabe, vivió sus propias protestas contra el gobierno de Recep Tayyip Erdogan en el mes de junio. En Túnez y Libia han ocurrido atentados. Es probable que como en 2011, se reduzca el número de visitantes a estos países ya que la situación de inestabilidad e inseguridad puede echar para atrás a más de un turista que puede optar por destinos más tranquilos en el norte del Mediterráneo.