Concurso de acreedores voluntario: qué es y cómo afecta a los trabajadores

El Concurso de Acreedores es una figura jurídica de relativo nuevo cuño, ya que surge en el año 2003 para agrupar los anteriores estados de suspensión de pagos y quiebra. De hecho, a través del concurso de acreedores se ha dado salida a la mediación judicial de las situaciones de insolvencia –el caso en que una persona física o jurídica es incapaz de afrontar todas sus deudas—tanto de empresas como de particulares a través de un mecanismo único.

En sí el proceso de concurso de acreedores es sencillo de entender. No es otra cosa que intentar poner de acuerdo a aquellos a quien la empresa o persona debe dinero sobre la manera en la que se saldarán las deudas. En el concurso de acreedores deben personarse todas aquellas personas (o sus representantes) de las que la empresa o el particular es deudor sean estas personas proveedores, trabajadores, entidades financieras e incluso accionistas. El concurso implica por lo general quitas en las deudas que la empresa ha contraído y por tanto pérdidas para aquellos a quienes se debe dinero.

El procedimiento voluntario es aquel por el cual el propio empresario, en previsión de entrar en una situación de insolvencia solicita a la autoridad judicial el concurso de acreedores. La ley estipula que para que el concurso sea voluntario éste debe ser solicitado por la empresa bien cuando la situación de insolvencia es previsible –por pérdida de un contrato, por un brusco descenso de ingresos, por un accidente que puede implicar una parálisis en el negocio— y aún no se han producido impagos o en el plazo de dos meses siguientes al momento en que se reconoce la situación de insolvencia.

Si son los acreedores quienes solicitan al juez el concurso de la empresa entonces algunas de las ventajas que tiene el procedimiento voluntario para el empresario desaparecen, por ejemplo, en caso de concurso forzoso se investigará si su gestión de la empresa es punible y si el empresario debe hacer frente a las deudas incluso con su patrimonio personal.

Como hemos dicho, los trabajadores son parte interesada en un concurso de acreedores voluntario; más aún si se da el caso de que la empresa no les haya pagado algunas de las nóminas anteriores a la fecha en que solicitó la intervención. Esta situación, por desgracia, no es del todo inusual.

La situación de concurso puede llevar a una reducción de plantilla a través de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE). Por ello los trabajadores deben seguir yendo a su puesto de trabajo incluso si la empresa está en concurso para evitar un posible despido justificado que no daría derecho a indemnización. Mientras la empresa cuente con la posibilidad de seguir abonando los salarios, el administrador judicial impuesto por el juez en el marco del concurso de acreedores seguirá pagando las nóminas.

En caso de que la empresa no tenga liquidez para hacer frente a los pagos, es posible que se ponga en marcha un ERE. En los casos de ERE durante un concurso de acreedores, la negociación del mismo y su ejecución suele ser más rápida que en condiciones normales y el trabajador podrá acceder a la prestación por desempleo en un plazo más corto, además de a la indemnización por despido recogida en el expediente.

Para obtener la indemnización el trabajador afectado por el ERE debe solicitarla a través del Fondo de Garantía Social (FOGASA) dependiente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. El trabajador tiene un año a partir de la formalización del ERE para solicitar ante el FOGASA la indemnización.

En los casos en los que a los trabajadores se les adeuden salarios, estos deberán presentarse al concurso de acreedores como tales. En un plazo de un mes a la publicación oficial de la situación concursal de la empresa deberán notificar esta deuda al administrador que el juez imponga a la empresa para que este la tome en consideración.

Hay que señalar que los trabajadores de una empresa en situación concursal pueden verse desprotegidos en tanto deben intentar mantenerse en su puesto laboral, aun cuando no perciban sus salarios e incluso llegando a perder su empleo si se lleva a cabo un ERE. Pero es también cierto que el procedimiento de concurso de acreedores no siempre es la antesala a la liquidación de la empresa sino que en ocasiones sirve para afrontar una situación difícil para la misma. Si la empresa consigue reestructurar sus deudas y volver a ser solvente es la mejor solución para todos ya que los trabajadores podrán conservar su empleo y el negocio seguirá adelante.