Depósitos a plazo fijo

Si es de los que tiene el dinero guardado debajo del colchón, sepa que está perdiendo dinero. En realidad, y desde un punto de vista más técnico, está dejando de ganarlo de la misma forma que si tiene todos sus ahorros en una cuenta corriente que no le renta ningún interés.

Evidentemente, cada uno se administra como desea y tampoco están los tiempos como para animar al ciudadano de a pie a invertir sus ahorros en Bolsa, sobre todo si no se tiene el conocimiento necesario para ello. No obstante, existen productos más adecuados para el pequeño ahorrado. Productos de inversión seguros diseñados para perfiles conservadores como son los depósitos bancarios.

A raíz de la crisis y sobre todo a partir de 2008, la falta de confianza entre los bancos hizo que no se dejaran dinero entre ellos. Es decir, en lo que se denomina el mercado interbancario, el banco acude a otro banco para que le preste dinero con el que poder seguir operando y atendiendo a sus clientes. Un mecanismo que funciona exactamente igual a cuando cualquier ciudadano se acerca al banco con el objeto de obtener prestado el dinero necesario para comprar un coche por ejemplo.

Pero con la crisis, los bancos no se prestaban dinero entre sí dada la desconfianza existente entre ellos, en gran parte motivada por la opacidad de la contabilidad financiera que permite maquillar de manera legal algunos agujeros negros por los que se ha fugado mucho dinero. Además, existía cierto recelo a descubrir que, tras entidades aparentemente saneadas, se encontraban hipotecas basura que no se iban a cobrar nunca y que, por supuesto, iban a reducir el capital disponible de los bancos para pagar sus créditos.

Ante esta situación y como la necesidad agudiza el ingenio, las entidades financieras se lanzaron a la llamada guerra del pasivo. Un negocio en el que se invitaba al pequeño ahorrador, al cliente de toda la vida, a invertir sus ahorros en un depósito bancario a plazo fijo durante un año a cambio de un interés del 5%, rentabilidad a cobrar cuando venza ese tiempo.

Una operación mediante la cual el banco obtenía liquidez para su negocio y con la que pretendía obtener rentabilidad. Ese era el motivo de que los intereses fueran desorbitados durante años. Por supuesto, aunque sí era posible obtener las rentabilidades ofrecidas e, incluso, superiores mediante otros productos financieros, sólo se puede conseguir asumiendo riesgos en la inversión y no de manera segura como con los depósitos. Por ello, los bancos se volcaron en ofrecer altos intereses aplicando la lógica de que cuanto más ofrezca, más ahorradores depositarán su dinero y dispondrían de más liquidez.

Tras el rescate del sector financiero español, Bruselas, que es quien pone las normas sobre las cuales se debe operar para tener acceso a la ayuda, advirtió de la necesidad de que los bancos bajaran los intereses para los depósitos a largo plazo. De igual forma, el Banco de España hizo la recomendación pertinente a todas las entidades para que, como máximo, otorgaran un 3% de interés a través de estos productos. Así se está cumpliendo, pues, en octubre de 2013, la media de la rentabilidad que ofertan los bancos españoles se sitúa por debajo de esa cifra (en el 2,90%), aunque pueden variar en el corto plazo. En general, los bancos que no han sido nacionalizados están ofreciendo rentabilidades superiores, pero también exigen que se deposite una mayor cantidad de dinero. Es decir, a mayor cantidad de ahorros depositados, más interés se recibe por los mismos.



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