Depósitos bancarios

Un depósito bancario es los más parecido a un fondo de inversión, es decir, el cliente deja inmovilizada una cantidad de dinero en la entidad bancaria con la que suscribe este producto financiero a cambio de cobrar el capital más unos intereses. La ventaja que ofrece contratar un depósito financiero es poder obtener una rentabilidad mayor que la que estipuladas en las cuentas de ahorro, aunque depende del nivel en el que esté fijado el tipo de interés, cuestión que depende de los bancos centrales. Se debe tener en cuenta que son los bancos los que determinan las condiciones de contratación de los depósitos, aunque no faltan ofertas que hacen el producto más interesante.

Para conocer la rentabilidad real, es necesario calcular los impuestos y el efecto de la inflación. Por todo ello, los depósitos suelen ofrecer rentabilidades bajas, aunque cuentan con las ventajas de ser un producto financiero de poco riesgo y de fácil liquidez (puede existir alguna penalización por cancelación anticipada), ideal para el pequeño ahorrador.

La mayoría de los bancos como BBVA, Banco Santander, Bankia, ING Direct, BMN o CaixaBank ofrecen este tipo de producto financiero.

Frente a la seguridad que ofrecen los depósitos bancarios tradicionales, los bancos han ofrecido durante los últimos años un producto derivado: los depósitos estructurados. Este tipo de inversión divide el capital en dos partes. Una de ellas, se invierte en un depósito bancario tradicional, es decir, recibe una rentabilidad fija según el tipo de interés (TAE) establecido. La otra parte del capital es empleado por la entidad para invertir en derivados financieros. El problema es que el inversor desconoce cuál es la estrategia empleada por la entidad, ni en que activos se está invirtiendo, aunque las comisiones y los riegos corren por cuenta del cliente.

A cambio de asumir estos riesgos, el inversor recibe un tipo de interés variable, aunque en realidad no es posible conocer exactamente de qué cantidad se trata. Por un lado, porque dicho tipo de interés depende de la evolución de los activos en los cuales el banco haga trabajar su dinero, es decir, depende del comportamiento en el parqué de los productos financieros en los que se invierte y si éstos bajan su cotización es muy posible que no se obtenga ninguna rentabilidad. Por otro, porque para calcular el tipo de interés variable los bancos suelen utilizar diferentes fórmulas que, en líneas generales, que hacen que el tipo de interés no sea mucho más elevado que el que ofrecen los depósitos bancarios tradicionales.

Si la operación está bien realizada y los analistas que se encargan de manejar los depósitos estructurados son profesionales se pueden obtener rentabilidades mayores que las establecidas en los depósitos bancarios. Pero es muy posible que la mayor parte del rendimiento lo obtenga el banco, porque la parte variable de los depósitos estructurados suelen tener plazos de vencimiento largos y disponer de poca liquidez.



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