Radares, ¿prevención de accidentes o recaudación?

Prevenir los accidentes en carretera es una tarea loable y todos los medios que se pongan para evitarlos serán bienvenidos por la población en general. Ahora bien, las dudas surgen cuando la ciudad se siembra de radares móviles y fijos puesto que, ¿realmente tienen el objetivo de evitar accidentes o su afán es el de obtener cuanta más recaudación mejor? La respuesta tiene una doble lectura, por una parte los ayuntamientos de las grandes ciudades aseguran que es para evitar accidentes de tráfico, mientras que los conductores mayoritariamente creen que únicamente están ahí para multar a los conductores y obtener pingües beneficios. En 2017 la Dirección General de Tráfico plantó más de 1.300.000 multas, y tan solo diez de cada cien se hicieron efectivas en carretera.

Parece razonable pensar que si el mayor número de accidentes se produce en carretera, sea en carretera donde más se controle la velocidad. Pues no es así, porque según los datos de 2011 de la propia DGT, poco más de un 1% de accidentes se sucedieron en las ciudades. Luego entonces, ¿por qué se siembran de radares las radiales de las grandes metrópolis como es el caso de la M-30 en Madrid? La respuesta parece obvia: para obtener beneficios.

En España hay alrededor de 180 puntos negros en las carreteras, y según la asociación Automovilistas Europeos Asociados, apenas habría cinco con radares para el control de la velocidad. Entonces, ¿para qué se ponen los radares finalmente? Parece obvio que con afán recaudatorio. En la ciudad de Madrid debe hacer una serie de puntos negros sin controlar puesto que el Ayuntamiento tiene previsto en 2018 duplicar el número de las multas que va a imponer gracias a los radares en la ciudad. (Alcanzarán previsiblemente las 20.000).

Todos los caminos llevan a la misma respuesta, por muchas vueltas que se den. Máxime cuando la nueva Ley de Tráfico multará a aquellos conductores a quienes se les pille con un detector de radar en su vehículo. Así está este país, persiguiendo la velocidad pero obviando los puntos negros de las carreteras españolas. Es necesario velar por la buena conducción pero, ¿no sería necesario también velar realmente por los tramos en los que la velocidad es más peligrosa? Parece que no.

Ahora bien, si a grandes males grandes remedios, las redes sociales se han convertido en el altavoz de aviso a conductores de los puntos exactos donde hay radares. Twitter sobre todo (por su inmediatez) se ha erigido en altavoz de aviso para los conductores, algo que de momento no es ilegal, aunque visto lo visto… De hecho los internautas no avisan de controles de alcoholemia por ejemplo, al volante la tolerancia con el alcohol ha de ser cero. Y aunque la velocidad es una de las principales causas de los accidentes, no lo es en los núcleos urbanos con lo que la implantación de radares en las ciudades no tiene explicación si no es bajo el amparo de la recaudación.

La preocupación por las víctimas en carretera será cierta (o no) pero en ningún caso parece que lo sea el argumento de la implantación de radares en ciudades. Lo que sí deberían hacer es sustituir los guardarraíles en las carreteras por otros elementos, son causa de muerte y de minusvalía para cientos de motoristas. En este aspecto hay un verdadero peligro. Pero, claro, ahí no hay nada que rascar para las arcas públicas.