Renting vs Leasing ¿Cuál es la mejor opción?

Para las pymes las posibilidades de acceso a financiación son limitadas debido a las actuales circunstancias de la economía. Sea para mantenerse o para crecer, las empresas necesitan de capital o inversión, y al encontrarse con muchas barreras por parte de la banca para conseguir un crédito, los emprendedores buscan otro tipo de herramientas de financiación, como el renting y el leasing de coches.

Estas dos opciones se orientan medianas y grandes empresas, así como a autónomos o pequeños negocios familiares que deseen por ejemplo, conseguir un coche, o invertir en inmuebles, tipo equipos informáticos. Su principal atractivo está en que ofrecen importantes ventajas fiscales y facilidades de pago. Elegir entre una y otra no es algo sencillo, porque aunque son similares existen entre ellas notables diferencias.

A groso modo, el renting es un contrato de alquiler, que generalmente suele ofrecer algunos servicios adicionales. Una de sus principales ventajas es que el titular queda libre de asumir gastos como seguros, mantenimiento, impuestos o reparaciones. A través de esta opción, la pyme no adquiere el bien, sino que simplemente obtiene el derecho de utilizarlo durante un tiempo determinado.

De esta manera, esta es una muy buena alternativa si lo que se requieren son equipos informáticos, porque se van desvalorizando con el paso del tiempo, o coches, si lo que se desea es cambiarlos seguido. Concretamente, en cuanto a vehículos, una de las cláusulas tiene que ver generalmente con el kilometraje, de modo que si se supera un límite determinado, el responsable tendrá que asumir un pago adicional en su cuota mensual.

Entre tanto, el leasing también es una modalidad de alquiler, también utilizada para vehículos o equipos, que es a su vez es una forma de financiación para terminar adquiriéndolos. Esta opción está regulada por medio de la Ley 26/1988, que declara que la inversión se orienta a la posesión final del bien.

A diferencia del renting, en el leasing el cliente obtiene los derechos y obligaciones que se asumen cuando se toma en propiedad, por ejemplo, un vehículo. De esta manera, el cliente asume los gastos de seguros, mantenimiento, impuestos o reparaciones. No obstante, es una excelente opción por las deducciones y las facilidades de financiación.

Usualmente, este tipo de contrato demanda una duración mínima de dos años y permite la opción de compra del coche o los equipos una vez termine el período de alquiler, de modo que cuando el contrato está a punto finalizar el cliente tiene tres alternativas: puede adquirir el bien realizando el pago de la última cuota de “valor residual”, puede renovar el contrato de alquiler, o simplemente no ejercer la opción de compra y entregarlo.

Entonces, ¿Qué opción financiera es la adecuada? En conclusión, si la intensión de la empresa es la de contar con un vehículo o unos equipos por más de tres o cuatro años, la mejor alternativa es el leasing, porque a la final el cliente puede quedarse con el bien. Esta es una opción recurrente entre las empresas porque brinda financiación al cien por ciento, a largo plazo, y como otra de las ventajas está el fraccionamiento del IVA. Aun así, su desventaja principal es que se paga un alto tipo de interés, incluso superior al de los créditos hipotecarios, y además se debe incurrir en todos los gastos de propiedad.

Ahora bien, si lo que se desea es contar, por ejemplo, con un coche por un periodo máximo de dos o tres años, la mejor opción es el renting, donde simplemente se alquila. En materia fiscal, esta modalidad es vista como una forma de arrendamiento y no de financiación como el leasing, así que las empresas que opten por el renting se verán favorecidas en que las cuotas a pagar, al ser consideradas como gasto, incluido el IVA, son deducibles prácticamente de forma total.

En todo caso, cada vez más crece la oferta de estas opciones herramientas de financiación, puesto que los empresarios las ven más prácticas y rentables frente a los préstamos tradicionales al encontrar en ellas facilidades en la financiación con opción de compra, o un alquiler con los gastos cubiertos.